zori

La ornitomancia (en griego οἰωνίζομαι) es una de las artes adivinatorias que se practicaban -entre otros lugares- en la antigua Grecia. Se basaba en predicciones a partir del comportamiento de las aves (ornito-): el vuelo, las migraciones, los cantos, etc. “¡Dichoso aquel que, sabiendo todas estas cosas, irreprochables ante los dioses, se entrega al trabajo sin cometer falta alguna, observa los augurios de las aves y huye de las malas acciones!” | Trabajos y días | Hesíodo |

Las aves y sus lecturas; sus vuelos imprevisibles, sus cantos más o menos acertados, sus giros a diestra o siniestra o su deambular solitario o en multitud escribiendo en el aire el destino y la fortuna que solo ciertos adivinos eran –o son– capaces de interpretar. Señales buenas, pájaros buenos, buena fortuna. Señales malas, pájaros malos, mala fortuna. Parece sencillo, zori-onak; los pájaros buenos, los buenos augurios.

Una tradición milenaria de muchos pueblos europeos –griegos, celtas, romanos...- que se ha mantenido en la raíz de nuestro peculiar modo de felicitar, ya sea un cumpleaños, una buena nueva o un año que está comenzando. Y es, por ello, más que una mera felicitación, es un modo de augurar –y desear– todo lo bueno que está por llegar. Proactividad que dirían los más modernos.

Así pues, una vez consultado el vuelo de las aves en la playa y parque de Ondarreta, no puedo por menos que auguraros y desearos todo lo mejor para este nuevo año que –espero y deseo– vamos a disfrutar juntos. Los augurios son favorables: zorionak y feliz 2016!