Es esta una sencilla receta que, si bien tradicionalmente se asocia a la Navidad, podemos disfrutar como suculenta entrada o reconfortante plato único y, así, olvidarnos definitivamente de los usos, abusos y excesos navideños y, en nuestro caso, post-navideños y tamborreros. El cardo es una planta invernal, prima lejana de las alcachofas a la que, a fin lograr su máxima dulzura y sabor delicado, se ata y cubre para que su interior resulte blanco y tierno. Esta tarea se realizaba tradicionalmente cubriendo las plantas con tierra si bien lo habitual, hoy en día, es taparlas con plástico. En cualquier caso, un buen cardo ha de ser blanco -o rosáceo, una exquisita variedad de la Ribera Navara- y bien firme.