Llevo un buen rato intentando dilucidar si las palabra “cremoso” ha de aparecer o no en el título de esta receta. Y es un detalle importante, ya que tanto el punto de humedad como el método de cocción del arroz -a modo de un seudo-risotto- aporta un toque extra de melosidad integradora a las partes de esta sencilla receta. Creo que también define su carácter especial, ya que tampoco se trata de un arroz negro seco tradicional -exquisito, por otra parte-. Es, en resumen, el punto de humedad especial de la receta que combina a la perfección -a mi entender, al menos- con la rotunda cremosidad del queso de Idiazabal y el crocante de los chipirones bien salteados.