Niev
Dos dedos de nieve; no es habitual que nieve en San Sebastián, si bien hace ya unos años que disfrutamos del errático baile de algunos silenciosos copos sobre el cielo gris plomizo de nuestros inviernos.


Me encanta ver nevar, me encanta el silencio que provocan los porosos copos en su viaje pausado entre el cielo y la tierra. Y me trae innumerables recuerdos y aromas asociados a mi infancia que, como decía Rainer Maria Rilke, es mi verdadera patria.
Aromas de antiguos pucheros con válvulas giratorias asemejándose a pequeñas locomotoras enloquecidas buscando quién sabe qué. Aromas de hornos y asados dulces o salados. Aromas de pucheros en los que borboteaban suavemente cocidos y morcillas, pescados y caldos de verduras. Y el vaho, pegado a las ventanas de la cocina, lienzo de mil travesuras y, ahora, la muestra más tangible del verdadero calor de un hogar. Y el reloj, ya inexorable, marcando la siempre prematura hora de ir a clase. ¿Por qué no nieva un poco más y puedo pasar la mañana en la cocina? Siempre porqués y siempre respuestas: no es habitual que nieve en San Sebastián…

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