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> Girando como las agujas de un reloj: Las incomparables carnes de La Castillería en Vejer de la Frontera, Cádiz | Guisantes de lágrima con huevo pochado y jamón de la sidrería Barkaiztegi en Donostia – San Sebastián | El delicioso Solomillo de Atún rojo de almadraba con cuscus de coliflor y migas de comino del Restaurante El Campero de Barbate, Cádiz  |  La soberbia Merluza con Puerros, Bearnesa y Chirivía de Casa Gerardo en el Concejo de Prendes, Asturias | La siempre perfecta Menestra de Verduras del Restaurante Tubal de Tafalla, Navarra | Sencillo y perfecto; Carabinero asado al punto del Restaurante Los Pescadores de Chiclana de la Frontera, Cádiz | Todo un descubrimiento: Rodaballo asado con verduras en  tempura de la Hosteria Calvo en Puente de san Miguel, Cantabria |  Guisante y Huevas: belleza en todos los sentidos, la seña inconfundible de Azurmendi en Larrabetzu, Bizkaia | La inconmensurable sencillez reflexiva de Mugaritz en Errenteria, Gipuzkoa: Lacado de lenguado y mantequilla | Una visita imprescindible en Salamanca, Restaurante Tapas 3.0: Sardina ahumada con bloody mary de piquillos | Básico y delicioso Sashimi de Atún rojo de Almadraba del Restaurante Francisco en la playa de la Fontanilla, Conil de la Frontera, Cádiz | A decir de muchos los mejores Hongos –o Boletus– con su hevo asado que se pueden degustar por estas tierras;  Restaurante Astelena 1997 en Donostia – San Sebastián, Gipuzkoa | Y en el centro el autor posando junto a  una de sus heroínas del pasado, presente y futuro; Mafalda en el Campo de san Francisco, Oviedo <

Ya han pasado más de dos meses sin dejarme caer por aquí, pero te aseguro que –casi– siempre te tengo en mis pensamientos. Durante este tiempo he logrado llenar mi libreta, neurona y estómago con multitud de notas y apuntes, ideas y aprendizajes, formas, sabores, aromas y texturas. Vamos, que a pesar de lo que pueda parecer por el breve resumen de gastro-actividades que acompaña este reencuentro, ha habido –afortunadamente– más. Mucho más.

Descubrimientos placenteros y, también, algún sonado fracaso. Copas brillantes –siempre acompañadas por tremendos profesionales– y tratos exquisitos. Cocinas tradicionales o innovadoras o revolucionarias junto a algún que otro prescindible invento o desplante. Emocionantes descubrimientos y emotivos reencuentros. Sobremesas con invitados memorables y una última copa más. En definitiva –y básicamente– mucho amor, cariño y pasión –aplíquese lo que convenga– hacia esta curiosa afición/profesión que tenemos la fortuna de gozar de norte a sur y de este a oeste y que es capaz de florecer incluso en los más áridos de nuestros paisajes físicos y emocionales.

¿Seré capaz de extraer algo interesante de este periplo educativo, geográfico y mental? Creo que sí. Pero es a ti, mi querido diario, a quien dejo como juez y vocero de mis nuevos arrebatos culinarios. Ten paciencia y cuídate.