Una vez más, vamos a aprovechar que estamos en plena temporada de tomate para preparar una ligera cena o una sabrosa entrada en la que, en realidad, vamos a emplear poco más que unos tomates bien maduros, una masa –que podemos elaborar o comprar ya hecha– y unos pocos condimentos para darle un toque a nuestro gusto. El resultado va a ser una sabrosa, jugosa y refrescante tartaleta salada, ideal para acompañar estos persistentes y tormentosos calores de septiembre.

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Como ya comentamos en la entrada dedicada a la Tarta Tatín de manzana, la principal peculiaridad es el modo de preparación “al reves”, es decir colocando los ingredientes ya precocinados en la base y la masa sobre enlosara hornearlos así y finalizar volteando –para desmoldar– el conjunto a la hora de la presentación. Una divertida y, en parte emocionante, forma de cocinar que no desvela su magia –ni su resultado y aspecto– hasta el último momento. Vamos con los ingredientes que vamos a emplear:

  • Unos 8 ó 10 de Tomates medianos bien maduros –es aconsejable que todos sean de un tamaño similar-.
  • Una Masa Brisa, que podemos elaborar siguiendo estas indicaciones o bien podemos comprar ya preparada.
  • Un para de cucharadas de Mostaza a la antigua –à l’ancienne, es decir con sus granos-.
  • Unas hojas de Albahaca fresca.
  • Un poco de Orégano seco.
  • Un buen puñado de queso Gruyère rallado –u otro queso cremoso a nuestro gusto-.
  • Aceite de Oliva Virgen Extra.
  • Sal, Pimienta y Azúcar al gusto.
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Comenzaremos por lavar y cortar los tomates longitudinalmente por la mitad. Engrasamos un molde de tarta con un poco de aceite de oliva y vamos colocando los medios tomates en él apretándolo bien unos contra otros ya que mermarán bastante -es indiferente colocarlos boca arriba o boca abajo, pero hay que tener en cuenta que al desmoldar quedarán en posición inversa-. Salpimentamos, añadimos un poco de azúcar para contrarrestar la acidez natural del tomate –escasa si están bien madurados-, un hilo de aceite de oliva y un poco de orégano y horneamos durante unos 45 minutos a 180ºC. Un buen truco es hornear un par de tomates más en otra fuente a fin de poder completar los huecos que va a dejar la merma.

Mientras tanto podemos preparar la masa o bien extendemos la comprada. Pintamos una de las caras con la mostaza de granos cuidando de extenderla uniformemente.

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Una vez transcurrido el tiempo de horneado sacamos la/s fuente/s del horno, escurrimos el líquido sobrante de los tomates –no hay problema ya que volverán a expulsar más-, completamos los huecos con los tomates extras, espolvoreamos sobre ellos el queso rallado y unas hojitas de albahaca y, finalmente, cubrimos con la masa –la cara pintada de mostaza hacia abajo-. Hacemos un pequeño corte en forma de cruz en el centro de la masa para dar salida al vapor y volvemos a hornear otros 30 minutos a 180ºC, hasta que la masa resulte bien dorada y crujiente.

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La tartaleta está lista. Volteamos el molde sobre un plato amplio de presentación con mucho cuidado para que no se desmonte, añadimos un hilo fino de aceite crudo y un poco de albahaca fresca troceada. Personalmente me encanta acompañar esta tarta con mas cuñitas de buen queso de oveja o cabra curado –Idiazabal, Payoyo, Manchego, Roncal, etc.– que aportan a la tarta un espléndido contraste de texturas aromas y sabores. Una vez más esto es todo; una receta fácil, sabrosa y diferente. Espero que ustedes la disfruten y, como siempre… bon appétit!