Seguimos con el tomate, pero esta vez aplicado a una receta que tiene en su sencillez, su resultado y, sobre todo, en su historia, todos los ingredientes necesarios para ser un clásico. Es ésta una de esas recetas en la que resulta difícil separar la parte emotiva de la culinaria, ya que la he visto elaborar -y degustar- en casa de mis padres a lo largo de toda mi vida. En mi caso, como en el muchos otros los cocinillas, mis primeras experiencias culinarias se refieren a las tardes pasadas junto a mi madre -mi Amá en lengua vernácula- en la cocina y este bacalao es uno de mis primeros recuerdos y experiencias gastronómicas. No sé cuándo lo preparé por primera vez, pero a pesar de los años pasados -y son ya muchos-, nunca se llega a alcanzar esa perfección -o ese cariño- que solo las madres saben poner en todo aquello que tocan. Va por ella -por mi Amá- y por todas la madres que siempre encuentran tiempo para preparar esos platos que perviven por siempre en nuestras memorias.
