Muslo y Pechuga
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de almadrabas y fortunas

Publicado el martes, 19 mayo, 2015

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Semimojama de Atún Rojo sobre Queso Payoyo, Pan de Pipas y Confitura de Tomate | El Atún Rojo como sujeto y protagonista multicultural:  Sashimi, Tartar, Tataki y Carpaccio de Atún Rojo de Almadraba | Parrillada al punto de Tarantelo, Morrillo y Ventresca de Atún Rojo | Un exquisito y perfectamente asado Carabinero al natural | Guía de despiece –Ronqueo– y denominación de los cortes del Atún Rojo de Almadraba | Tataki de Atún Rojo con Sésamo y Perlas de Cítricos | Tartar de cola blanca de Atún Rojo con Mostaza a las finas hierbas, Alcaparras y Vino oloroso  |  Ortiguillas –anemonia sulcata– en fritura | Lomo Picante de Atún Rojo con Sésamo, Wakame y Daikon | Platos procedentes de El Campero {Barbate}, La Bahía {Conil}, Los Pescadores {Chicana de la Frontera} y Francisco – La Fontanilla {Conil}


«Da bienes Fortuna, que no están escritos» anotaba don Luís de Góngora y Argote. Y también «audentes fortuna iuvat» –la fortuna sonríe a los osados– sentenciaba, muchos siglos atrás, Virgilio en su Eneida.

Puede que poca fortuna haya en disfrutar de unos días de vacaciones, como seguro claman algunos de mis sufridos lectores. Pero no por ello deja de ser cierto que estos días de asueto, planteados inicialmente como un compromiso familiar y estratégico –que ha acabado elongándose y enriqueciéndose-, hayan sido toda una fortuna para quien esto escribe.

Puede ser que que tras recorrer más de mil kilómetros, reencontrarse con la primavera, la verdadera, la cálida y prometedora, sea otro fruto de la fortuna. Como también puede que, tras este agotador periplo, contemplar y disfrutar los frutos y trabajo de la almadraba satisfaga –rojo el mar, roja la tierra– algunas de las más recónditas de nuestras ansias y apetitos.

O tal vez sea la fortuna poder observar –o de llevar casi treinta años haciéndolo– cómo la cocina, los saberes y los sabios haceres de las gentes del lugar, de este lugar, evolucionan hacia la sublimación del producto, sin lujos ni aditamentos, y también con ellos. Como un producto único, magistral, es elevado al summum, con sencillez e inteligencia. Con conocimiento ancestral y también con los aportes más exóticos imaginables. Fortuna, tal vez solo fortuna.

Como inmensa es la fortuna que supone gozar de una familia, de unos amigos, con quienes disfrutar y compartir una estupenda mesa y sobremesa, de una estupenda cosecha de almadraba y de toda la fortuna y felicidad compartida de tenernos los unos a los otros. Fortuna, simplemente fortuna.

Categorías:De sobremesa, Foodie Photo

Etiquetado:Almadraba, Atún, Fotografía, Restaurantes

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Cococha {nel}

Publicado el lunes, 27 abril, 2015

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Kokotxa, cococha… ¿Cuál es la mejor manera de degustar este exquisito bocado de mar?. Una vez más en los gustos y, tal vez, en el momento está la respuesta. Rebozadas resultan un exquisito y jugoso aperitivo o entrante. En salsa, un delicado y excelente plato de pescado. Asadas a la parrilla liberan todo su sutil perfume y realzan su textura sobre un ligero aroma de carbón y brasas. En cualquier caso, es en la frescura del producto y el punto de preparación donde residen sus únicos y verdaderos secreto.


Según la Real Academia de la Lengua – Cococha (del vasco kokotxa, barbilla de la merluza): 1. f. Cada una de las protuberancias carnosas que existen en la parte baja de la cabeza de la merluza y del bacalao. Es un manjar muy apreciado.
Y, ya que técnicamente no hay nada que reprochar, sazonemos la definición con un poco de alma y fantasía. Son pequeñas, lujosas, atemporales y admiradas, como, por ejemplo, la «petite robe noire» de Coco Chanel. También ha querido el azar que atiendan, además de todas estas características, a un nombre prácticamente idéntico.
Me pregunto si la gran artista –y controvertida persona– llegó a probarlas en alguna ocasión. Si cayó prendada de su álter ego culinario y su delicado sabor. Si las disfrutaba oculta y temerosa de que alguien descubriera en ellas el meloso secreto de su nombre, infinitamente más seductor que el de Gabrielle Chasnel. Si llegó a elaborar un preciso método de corte para extraerlas en todo su esplendor con sus maravillosas tijeritas de oro, siempre colgadas de su frágil pero enérgico cuello. Si calladamente ideó y desarrollo novedosas y elegantes recetas que aún dormitan en algún cajón perdido o en alguna caja fuerte. Si su elegancia cromática –blanco, negro, plata– sirvió de fuente de  inspiración para alguna de sus colecciones. Si en su pequeño bolso –noir aussi, bien sûr– llevaba un misterioso recipiente –marcado como Nº1– en el que, entre pequeños hielos a modo de diamantes, conservaban a temperatura ideal este fastuoso regalo de los mares. Si compartió este secreto con sus también secretos amantes. Si no destilaría algo de su inspiración –y su energía– de la sutileza de este manjar. Si…
Hay tantas preguntas y una sola respuesta en forma de cualidad: la exquisitez.

Categorías:De sobremesa, Pescados y Mariscos, Pintxos y Entradas, Primeros platos

Etiquetado:Fotografía, Palabras

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de las sabrosas flechitas de mar

Publicado el jueves, 16 abril, 2015

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Y ¿cuál es la mejor manera de degustar estas delicias del mar?. Como siempre para gustos están los colores y las formas de cocinar. Personalmente voto por la más sencilla de las elaboraciones; un poco de sal, unas láminas de ajo, un poco de buen aceite de oliva a buena temperatura, unos segundos de fritura y… a disfrutar!


Ya van llegando las primeras anchoas a nuestras costas del Cantábrico. En grandes bancos, formando esas maravillosas estructuras que agrupan a miles –tal vez cientos de miles– de ejemplares que parecen moverse en una perfecta coreografía, como si el grupo estuviera dirigido por un gran cerebro único, común y compartido.

Y, si lo pensamos bien, todas y cada una de ellas –de nuestras sabrosas flechitas plateadas– son un regalo de nuestros mares y nuestros pescadores. Un regalo de esfuerzo y paciencia, de saber y sabor. Un verdadero deleite de suave perfume marino, de una carne levemente fibrosa y, al mismo tiempo, untuosa. Un regalo, aparentemente sencillo, que admite, con resultados sobresalientes, infinidad de preparaciones que van de lo más simple –como mi receta básica de Anchoas fritas a la Donostiarra– hasta las más modernas y sofisticadas preparaciones de muchas estrellas –como, por ejemplo, la sublime Lasaña de Anchoas de Fernando Canales del Restaurante Etxanobe-.

En definitiva, es tiempo de anchoas. Es tiempo de acercarse a nuestras pescaderías y disfrutar, como siempre, de nuestras sabrosísimas flechitas de mar. Ahora y siempre.

Categorías:De sobremesa, Pescados y Mariscos, Pintxos y Entradas, Primeros platos

Etiquetado:Fotografía, Palabras

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de lo que el viento se llevó

Publicado el sábado, 4 abril, 2015

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Uno de mis volovanes recientes preparado, prácticamente, a base de fondo de congelador; suave besamel de base –con su punto de nata, nuez moscada y parmesano, o Parmigiano-Reggiano-, aromatizada en el último momento con daditos de gesier –mollejas– de pato confitadas, champiñones salteados en mantequilla y pimienta, y gambas troceadas y salteadas. Terminado con unas briznas de cebollino fresco, láminas secas de Parmesano y unos granos de pimienta de Sichuan. ¿Gustan?


Cuenta la pequeña historia de la cocina –o la Gran Historia de la Gastronomía, como ustedes prefieran– que el origen de esta delicia de hojaldre rellena hay que buscarla entre las cocinas y recetas de ese inmenso personaje que fue Marie-Antoine Câreme; pastelero, cocinero, gastrónomo, arquitecto y escritor. Base y fundamento de la cocina francesa clásica –y, por extensión, de la europea– y conocido como «el Rey de los cocineros y el Cocinero de los reyes».

Las crónicas nos narran como en su afán por lograr la base hojaldrada más ligera jamás vista realizó una pieza tan etérea que a uno de sus discípulos se le ocurrió observar que «elle vole au vent», que podríamos traducir libremente por «se la lleva el viento». Debió de gustar al maestro la expresión y fue así como decidió llamar a su hojaldre relleno: vol-au-vent, y que en castellano hemos convertido, fonéticamente, en volován.

Otra bonita historia de cocina, que viene a ilustrar lo que seguramente es el perfeccionamiento de una receta mucho más elemental y antigua como puede ser una masa rellena de fondo de puchero –o de congelador en mi caso-. Una manera de cocinar o presentar la cocina que me trae recuerdos de los días festivos de mi infancia, cuando todo era más sencillo –que no simple– y más contundente. Y cuando abrir un volován –una bouchée à la reine, bocado de la reina, en realidad– contenía ese grado de excitación y sorpresa que ahora, en la era de la globalización, los más pequeño pueden reencontrar en las galletas de la fortuna.

Una receta que parece condenada a desaparecer acusada, una vez más, de «viejuna» y de poco à la mode. Una receta que tal vez acabe por llevarse el viento de la historia, tan suave y ligeramente como nos la trajo. Disfrutemos, mientras tanto, de esta flexible y sabrosa manera de presentar nuestras cremosas entradas predilectas. Como Scarlet O’Hara dijo en «Lo que el viento se llevó», mientras haya volovanes, «a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre».

Categorías:De sobremesa, Pintxos y Entradas, Primeros platos

Etiquetado:Fotografía, Palabras, Tartas saladas

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Urbs Mirabilis

Publicado el martes, 24 marzo, 2015

Roma

«Es el destino, pero le llamaremos Italia, si eso le complace»

George Emerson al Reverendo Beebe en «Una habitación con vistas» de James Ivory, 1985

Roma. Una ciudad de la que procuro disfrutar y a la que procuro volver siempre que tengo ocasión. Y tal vez por ello, porque han pasado ya más de tres años desde mi última visita, es por lo que siento –especialmente esta fría y lluviosa mañana de marzo– una especie de profunda nostalgia Stendhaliana. Añoro las luces y sombras, sonidos y silencios de sus mañanas, sus tardes y sus noches. Sus rincones solitarios, sus monumentos e iglesias, sus museos y calles rebosantes de turistas. Y añoro básicamente sus excesos, es decir, su esencia: ruido, tráfico, calor, gente, turistas, autobuses y bocinas. Y también arte, historia, paisajes, paseos, cafés y heladerías, pizzerías, ristorantes y trattorías.

Os propongo un plan: Veamos amanecer a través del Óculo del Pantheon y tomemos un café en Sant’Eustachio. Demos un paseo hasta el Quirinale y, un poco más adelante, disfrutemos del ovalado cielo de San Carlo alle Quattro Fontane y del viaje místico de santa Teresa en Santa María della Vittoria. Espíritu alimentado: es hora del aperitivo. Subamos por la Via Vittorio Venetto y, recordando La dolce vita con Fellini, Ekberg y Mastroianni, elijamos: Doney Café o Harry’s Bar. Tenemos tiempo así que un Aperol Spritz en uno y un aperitivo Americano en el otro. Tomemos nuestra Vespa clásica y emulando a Audrey Hepburn y Gregory Peck en Vacaciones en Roma regresemos a nuestra buhardilla imaginaria. Es hora de descansar y prepararse para la tarde noche: un paseo junto al Tevere –Tíber– zigzagueando entre sus puentes: Cavour, Umberto I, Sant’Angelo, Vittorio Emanuele II, Principe Amedeo, Mazzini y Sisto hasta llegar a la bulliciosa plaza del Campo de’Fiori –mercado por la mañana, bares y restaurantes por la noche-. Vamos a regalarnos un refrescante Calice di Prosecco y busquemos entre la calles y plazas cercanas un Ristorante no tan abarrotado ni tan maleado por el turismo. Farnese ai Baullari es una estupenda opción, clásico y familiar. Crucemos una vez más el río para regresar, tras una parada estratégica –y también digestiva– en cualquiera de los abarrotados locales nocturnos del Trastevere. Un gelato –mango e pesca, per favore– para el camino y podemos dar por concluido nuestro soñado –o tal vez no– día romano.

Amo esta ciudad {más correo en la bandeja de entrada… os dejo mientras flota en el aire un cierto aroma de ensoñación}.

Categorías:De sobremesa

Etiquetado:Fotografía, Viaje

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de paisajes ibéricos

Publicado el jueves, 12 marzo, 2015

PaisIber
Azafrán de La Mancha | Botillo del Bierzo | Calçot de Valls | Espárrago de Navarra | Faba Asturiana | Grelos de Galicia | Hierbas Ibicencas | Queso de Idiazabal | Judías del Barco de Ávila | Kaki de la Ribera del Xúquer | Lechazo de Castilla y León | Melva de Andalucía | Níspero de Callosa d’en Sarriá | Orujo de Galicia | Pimentón de La Vera | Quesucos de Liébana | Ronmiel de Canarias | Sobrasada de Mallorca | Ternasco de Aragón | Uva de Mesa Embolsada Vinalopó | Vinagre de Montilla-Moriles | W | Turrón de Jijona / Xixona | Vino de Yecla | Queso Zamorano | Una pequeña muestra alfabética de nuestras más de 200 Denominaciones de Origen Protegidas -DOP- e Indicaciones Geográficas Protegidas -IGP-.


Frondosos, intensos y perfumados lomos y morcones. Agrestes chorizos y salchichones. Profundas e inescrutables pancetas. Etéreas e inmensas llanuras de jamones de loncha fina. Aromáticos y agostados lomos embuchados. Paisajes comunes a toda nuestra geografía. Comunes y siempre compañeros perfectos para un buen aperitivo, una suculenta entrada o una diferente y socorrida cena. Pongámosles un auéntico pan, de los de verdad, un buen vino, una burbujeante cerveza o una refrescante copa de cava y el paisaje queda completado.

Sabores, aromas y texturas únicos y nuestros. Muy nuestros. Como los de tantos otros productos elaborados por nuestros agricultores, ganaderos, pescadores y artesanos. Productos que han sido capaces de sobrevivir en el túnel del tiempo y que ahora, afortunadamente, vuelven a ser recuperados y valorados. Como ha de ser. Cuántas generaciones y siglos, cuánto cariño y esfuerzo, cuánto olvido, comparaciones desafortunadas y silencio ha tenido que transcurrir para que, finalmente, nuestros productos lleguen al reconocimiento que, sin duda alguna, merecen.

El mundo es muy grande y diverso, como lo son sus productos, y es genial poder recorrerlo a través de nuestras cocinas. Pero no olvidemos que ese mundo empieza aquí mismo. En la puerta de nuestra casa.

Categorías:De sobremesa, Foodie Photo

Etiquetado:Fotografía, Jamón

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Bares, qué lugares: Bodega Donostiarra

Publicado el lunes, 2 marzo, 2015

BDonost

| Induráin, homenaje al ciclista navarro y con tantas guindillas –o ingredientes, que varían las versiones según quién las refiera– como sus victorias en el Tour: Taco de Bonito, Anchoa, Guindillas, Cebolla y Aceituna | Morros de Ternera fritos con Escamas de Sal gruesa | Huevos rellenos de Bonito y Mahonesa con Jamón | Morcilla de Burgos con Pimientos del Piquillo | Vista de la barra y los siempre atentos camareros | Ensalada de Tomate «del bueno» con Bonito | Bocaditos de Merluza frita a la Romana | Otro clásico del lugar; un Completo o mini bocadillo de Bonito, Guindillas y Anchoas con su punto de vinagre | La untuosa Ensaladilla Rusa aderezada al gusto |

Bodega Donostiarra | Peña y Goñi, 13 | 20 002 Donostia – San Sebastián | www.bodegadonostiarra.com


La Bodega Donostiarra es un bar tradicional, casi centenario, que nació, según me cuentan, allá por 1.928 como complemento –y tal vez como «incitador a la bebida»– de la bodega o despacho de vinos y licores adyacente y del mismo nombre. Hace ya tiempo que ambos negocios se desvincularon y durante más de 30 años, este establecimiento floreció y sentó las bases de lo que es ahora de la mano de Miguel Mendinueta y Pili Mintegi. He de reconocer que no soy un habitual «stricto sensu» del lugar –me cae un tanto a desmano-, pero nos llevamos un buen susto hace unos años, cuando lo descubrimos primero cerrado y, más adelante, en obras. Parecía que este remanso de tradiciones y recuerdos, de sabores intensos y revitalizantes, buenas viandas, buenos vinos y buenas gentes fuera a desaparecer. Afortunadamente –y por una vez– el cambio afectó, básicamente, a la gestión y decoración –ahora más à la mode-, sabiendo mantener su esencia. Su rica, variada, tradicional y poderosa herencia de calidad.

Una herencia de sabores potentes, de salazones y vinagres, de encurtidos, embutidos y conservas. Pero también de exquisitas tortillas individuales hechas al momento, de sabrosas ensaladas, melosas ensaladillas y de estupendas parrillas de carnes, pescados, y verduras. Un acogedor lugar de reunión, con la cocina abierta prácticamente todo el día y que maneja y combina a la perfección los productos de temporada y los envasados de altísima calidad con los que nos viene deleitando desde hace ya tantos años. Y es también un lugar en el que poder disfrutar de una buena selección de vinos, txakolis, sidras y cervezas. Es, en definitiva, un lugar tradicional, adecuadamente actualizado, y que ha sabido mantener toda su esencia, herencia y sabor. Voy pidiendo unos txakolís y unos completos mientras ustedes van llegando.

Categorías:De sobremesa, Foodie Photo

Etiquetado:Bares, Fotografía, Restaurantes

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de algunos pequeños placeres

Publicado el jueves, 19 febrero, 2015

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El Saint-Nectaire es un queso originario de la región de Auvergne –centro de Francia– elaborado a base de leche de vaca cruda. Introducido en la mesa y la corte de Luís XIV por el Mariscal Saint-Nectaire, es un queso de pasta semi blanda y corteza grisácea con algunos tonos rojizos. Ésta destila un profundísimo aroma a cueva, humedad y musgos mientras que la pasta es levemente aromática, resistente y muy cremoso en la boca. Su sabor es ligeramente ácido-amargo con suaves notas salinas y aromas minerales, de nueces, especies y leche cruda. Un queso complejo, aromático y no demasiado fácil de encontrar –especialmente en su versión «fermier», es decir de granja-. En definitiva, uno de mis quesos favoritos, sin ningún género de dudas .


Decía mi admirado y siempre recordado Groucho Marx que la felicidad consiste en disfrutar de las cosas pequeñas de la vida: un pequeño yate, una pequeña mansión y una pequeña fortuna. Y Creo que todos estaremos más o menos de acuerdo en que estas «pequeñas cosas» pueden ser, al menos, un buen punto de partida hacia una cierta felicidad.
No es menos cierto que a veces la felicidad –aunque sea momentánea– la encontramos en cosas mucho más pequeñas, más simples y, sobre todo, más accesibles. Una cena fría pero reposada, en buena compañía, y a base de –por ejemplo– algunos de nuestros quesos favoritos –Saint-Nectaire, Comté joven, Brie de Meaux y Roquefort en este caso-, un poco de ensalada de lechuga trocadero, un estupendo pan de Campaña, unas nueces de temporada y un buen vino –un ligero, carnoso e intensamente afrutado Graves de Vayres, Burdeos, de 2013– para cerrar el círculo.
Decía mi también admirado Mario Vargas Llosa, que solo los idiotas pueden ser felices. Seguramente una cena así, a base de pequeños y comunes placeres, terminará por acercarme más a la idiotez. Y más a la felicidad (o eso espero).

Categorías:De sobremesa

Etiquetado:Fotografía, Queso

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de la nieve y sus aromas

Publicado el lunes, 9 febrero, 2015

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Dos dedos de nieve; no es habitual que nieve en San Sebastián, si bien hace ya unos años que disfrutamos del errático baile de algunos silenciosos copos sobre el cielo gris plomizo de nuestros inviernos.


Me encanta ver nevar, me encanta el silencio que provocan los porosos copos en su viaje pausado entre el cielo y la tierra. Y me trae innumerables recuerdos y aromas asociados a mi infancia que, como decía Rainer Maria Rilke, es mi verdadera patria.
Aromas de antiguos pucheros con válvulas giratorias asemejándose a pequeñas locomotoras enloquecidas buscando quién sabe qué. Aromas de hornos y asados dulces o salados. Aromas de pucheros en los que borboteaban suavemente cocidos y morcillas, pescados y caldos de verduras. Y el vaho, pegado a las ventanas de la cocina, lienzo de mil travesuras y, ahora, la muestra más tangible del verdadero calor de un hogar. Y el reloj, ya inexorable, marcando la siempre prematura hora de ir a clase. ¿Por qué no nieva un poco más y puedo pasar la mañana en la cocina? Siempre porqués y siempre respuestas: no es habitual que nieve en San Sebastián…

Categorías:De sobremesa

Etiquetado:Fotografía

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de cocinas y tambores

Publicado el jueves, 22 enero, 2015

DSS2015
Cocineros y cocinas, bailes y tambores, niños y disfraces, nuestro Kursaal vestido de fiesta y nuestro querido Pedro Subijana entronizado este año -por fin- como Tambor de Oro de la ciudad. Un año y una fiesta estupenda en la que incluso la lluvia nos ha dado un respiro


Y así, como dice la Marcha de San Sebastián, hay un Sebastián el cielo y un único San Sebastián en la tierra. Evidentemente, ninguna de las dos afirmaciones es estrictamente cierta pero, ¿a quién le apetece discutir en un día de fiesta?. Es esta una fiesta tan marcada en nuestros corazones como en nuestros calendarios. Una fiesta de, por y para los donostiarras, hayan nacido dónde hayan nacido. Una fiesta que celebra la alegría, la amistad, la buena mesa, la música y el sonido de los tambores y barriles. Una fiesta, en fin, hondamente popular en una ciudad cosmopolita, aunque algunos se empeñan en reconvertirla en una aldea. 
Esto es San Sebastián y su fiesta. Una ciudad que, como su bahía, puede presumir de estar siempre con los brazos y el corazón abiertos. Ya falta menos para el el próximo día de san Sebastián!

Categorías:De sobremesa

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